He terminado de leer hace unos días LOS VENCEJOS de Fernando Aramburu. Lo he leído en un tiempo récord y eso que el libro consta de 693 páginas. Me ha interesado ese día a día de un año en el que al final del mismo, el protagonista  tiene pensado suicidarse. Buen principio y buen arranque. No hay historias complicadas ni argumentos complejos. Buen pulso narrativo después.  Aramburu cuenta cotidianidad y no precisamente una cotidianidad espléndida, sino más bien vulgar y sin mucha substancia como suele ser la cotidianidad de la mayor parte de los mortales. Le he seguido con interés y sin dificultad tal vez porque yo acabo de terminar un libro también de cotidianidades, de ese día a día  de los que no somos ni vencedores ni vencidos, de los que estamos siempre a la espera de algo que casi nunca llega. Sin embargo he echado a faltar en LOS VENCEJOS una cierta «poesía interna», esa que fluye en torno al perdedor, al hombre consciente del fracaso de su propia historia. Tal vez porque al protagonista se le ve demasiado entero,  le falta edad para, si no la desesperación, sí para la desesperanza, ese quid fundamental para desear acabar con nuestra vida. y un halo  ternura . El protagonista no tiene «razones» para suicidarse, para poner fecha a su vida, de tal manera que su idea de suicidio parece un poco impostado: tiene salud y un trabajo estable,  La vida no le gusta; simplemente. Tampoco le gustan los otros, los que le rodean, aunque los ame o los haya amado. Sus padres, sus suegros, su ex-mujer, su hermano, su hijo forman parte de ese universo con el que no termina de reconciliarse. No le sobra empatía al personaje. Es seco, adusto, excepto con su perra Pepa y con su amigo Patachula, el único, junto la perra, personaje entrañable, humano de esta historia, más humano y entrañable que el propio protagonista. No hay amor en el libro, no digo amores, sino amor,  y sin embargo será el  amor de Águeda,  al que él se resiste y hasta desprecia, el que le salve o le condene, según como se mire. Madrid, como telón de fondo de la historia. Un Madrid de día a día también. Lo que no tengo muy claro es el título, la referencia a los vencejos. Tal vez, porque como ellos, vivimos en el aire, sin saber lo que nos espera, si vamos a caernos y no lograremos remontar el vuelo. Libro seco, adusto, poco empático. Un buen libro, sin embargo.