Se está organizando una buena polémica con lo dicho por Garzón. Tal vez lo que él pretendía. Estamos en un momento que en vez de cerrar brechas, las abrimos, y ahí tenemos a unos sectores que defienden lo dicho por el ministro o al menos lo disculpan  y otros que piden su dimisión. Creo que si analizamos la cuestión todos tienen su punto, aunque  decir ciertas cosas a periodistas ingleses, creo si no me equivoco que eran ingleses, no es lo mismo que decirlas en suelo  propio. Pero veamos. El ministro hace referencia a las macrogranjas. Desconozco si en España las hay.  Si las hay, a mi particularmente tampoco me gustan o me gustarían. No pongo en duda que desde el punto de vista sanitario cumplen todos los requisitos.  Todo lo que se vende en nuestro país dentro de los circuitos comerciales habituales, está perfectamente avalado y no ofrece duda alguna. Sin embargo, no puede ser la misma calidad de carne la de una ternera que sale a los prados y luego vuelve a dormir al establo, que aquellas que están permanentemente encerradas, como no pueden ser lo mismo los huevos de unas gallinas criadas en cesta que aquellas que se movían libremente en torno a la casa e iban picoteando tras los carros de grano. La libertad es la libertad. También para los animales. En eso creo que estamos todos de acuerdo. Un animal al que se le da una vida razonable hasta que le toca ir al matadero, producirá mejor carne, mejor leche, mejores huevos, que el que lleve una vida de establo y reclusión permanente. Lo terrible, y hay viene la segunda parte , es que para alimentar a una población en alza y a precios razonables, tal vez sea necesario  intensificar la producción aunque sea en detrimento de la calidad. Digo calidad, sabor, textura…; no hago referencia a controles sanitarios que doy por descontado y más concretamente en donde se practica la ganadería extensiva. El tiempo, cuesta dinero, y una explotación a la vieja usanza produciría unos costes en los productos  que la gente humilde no podría asumir. ¿Comer carne  o no comerla? Esa es la cuestión y la  sinrazón del ministro, además de los puestos de trabajo y de todo lo que el desmantelamiento de esas explotaciones, producirían.  No todas las familias pueden comprar filetes de 40 euros el kilo  ni jamón de Jabugo. La industrialización del sector permite precisamente que comamos más a más bajo precio. ¿ No es eso lo deseable en un sistema socializado,  alimentar a más por menos ?… Otra cosa es que  pretenda, y por ahí van también los tiros, que dejemos de comer carne y la sustituyamos por otros productos bastante más artificiales.  Y eso no, Que cada uno coma según sus gustos y en todo caso lo que le indique su médico. ¡Ya estás bien de meterse en todo,  de querernos organizar la vida como si fuéramos críos! Que nos dejen vivir un poquito. Sólo un poquito y nos permitan, al menos de vez en cuando, el placer de sentarnos a la mesa. La libertad es la libertad. También para nosotros.