Vaya por delante que el seudónimo CARMEN MOLA con el que tres autores han ganado el Planeta, es un buen seudónimo. No es de extrañar que seudónimos femeninos escondan a autores masculinos. Esto quiere decir algo . Antes, las mujeres se acogían a seudónimos masculinos por sentirse más amparadas, más en consonancia con las leyes  y costumbres de la época, más desinhibidas y también como un seguro para que no las linchasen a las primeras de cambio. Escribir siempre ha sido una profesión peligrosa, sobre todo para las mujeres. Como poco, éramos juzgadas como raras y extravagantes. Ahora, por lo que se ve, las cosas han cambiado y son ellos los que se acogen a seudónimos femeninos. A saber por qué. Tal vez resulte más rentable o propicio. La literatura escrita por mujeres está afortunadamente en auge.

Pero vayamos al origen de lo que bulle por debajo de la sorpresa  y los comentarios: ¿deben los escritores evidenciar su sexo a través de sus obras, debe éste notarse?…¿Deben escribir las mujeres como mujeres ?…Esta cuestión se suscitó hace ya muchos años, con la irrupción del feminismo en España , allá por finales de los setenta y principios de los ochenta. Muchos compañeros y sobre todo compañeras mías de la Asociación de Dramaturgas, insistían y defendían que debería notarse el sexo de quien escribe, más si  eras mujer, que la literatura escrita por mujeres  debería ser clara y esencialmente sexuada. Yo, defendía justamente lo contrario, insistía en que el arte no debería tener sexo, que el artista debería ser  una especie de hermafrodita capaz de amparar, identificarse, describir  sentir y sufrir en ambos sexos y un tercero si lo hubiera, y que  cuanto más versátil fuera un escritor, mejor, que no teníamos por qué plasmar el sello de nuestra identidad sexual como si se tratara de una marca de fábrica. Y citaba multitud de ejemplos de personajes femeninos maravillosamente descritos por hombres.

Lo del seudónimo de Carmen Mola ha venido a desbaratar, a mi juicio la teoría de la literatura sexuada y creo me ha dado un poco la razón sobre el asunto. No es la primera vez que Carmen Mola publica y es leída, y que yo sepa los lectores no se han percatado de que tras  ese nombre, había tres hombres. Hablo por lo que dicen. Yo no he leído nada todavía de Carmen Mola. A lo mejor, ¡quién sabe!, me habría dado cuenta. Pero tampoco intento convencer a nadie. Seguramente mi teoría, por llamarla así, resulte obsoleta como yo misma. No pretendo tener razón ni convencer a nadie, pero sigo pensando  que Flaubert no mentía al decir  que Madame Bovary soy yo. Él, Gustave, no podía ser otro que Emma Bovary. Como D. Benito, Fortunata. Eso, para no meternos en listas que podían ser  largas y premiosas.