En estos días están ensayando para reponer LA VISITA, una de mis últimas obras,   y yo también comienzo mis ensayos con el blog. Ya veremos lo que aguanto porque yo soy poco de redes y de blogs, pero el ensayo digamos que me   ilusiona. Aunque sólo sea por probar.

Y se me ocurre ya que hablo de LA VISITA, de su reestreno y de TEATRO, comentar de algo que me preocupa: del futuro que tenemos los autores dramáticos. Esto viene a colación por el hecho de las versiones. Hoy muchos hacen versiones, adaptaciones de dramaturgos célebres que ya no están. Es sin duda, un buen reclamo, un nombre famoso. De los desconocidos nadie hace versiones, aunque sean textos magníficos o simplemente buenos. Las versiones se hacen de grandes éxitos anteriores sean textos dramáticos o novelas.

Me he pasado toda la vida escribiendo para el teatro. Narrativa también, pero menos. El teatro es mi medio y ahora que ya soy mayor, bueno, digamos vieja, me preocupa el legado que dejamos y que dejo. Y me pregunto: ¿qué será de nuestras obras cuando ya no estemos? ¿Vendrán a rescatarnos otros por medio de versiones? Y ese rescate me asusta porque puede ser que lo que monten sobre nuestras obras, el edificio que levanten sobre nuestras ruinas, sea irreconocible pues lo adapten a su idiosincrasia o a la moda que se estile. Siempre he defendido la autoría y las versiones  y más cuando ya no estemos, pueden conculcarla. El espíritu del texto es tan importante como la letra y muchas veces las versiones despojan o cambian el sentido primitivo de la obra original; y esto, no es un rescate sino un despojo. El novelista tiene más garantías. No hay versiones de novelas famosas solo si las llevan a la pantalla o al teatro, pero en los libros, no. El teatro suele conocerse por las representaciones más que por los textos escritos. Por eso mi afán de insistir en que vuelva el interés por la lectura de los textos, de que la gente lea teatro lo mismo que la narrativa o el ensayo. Seguir en los escenarios pero saliéndonos del escenario. Y sobre todo, ¿ por qué no montar los textos tal y como fueron creados, respetando el contexto en el que fueron creados, el espíritu que los inspiró? ¿Es tan difícil?…

Bueno, por hoy, es bastante.