Anoche pusieron por la 1 EL INSTANTE MÁS OSCURO. La había visto en el cine pero  me apeteció volver a verla. Es una buena película. Una estimulante y creo yo, didáctica película. Se trata del momento en el que Winston Churchill nombrado Primer Ministro se ve en la difícil coyuntura de enfrentarse al poder nazi o  inclinarse por la «política de apaciguamiento» de la que eran partidarios Lord Halifax y Chamberlain. Hasta el mismo rey, dudaba. Esto, el apaciguamiento,  dejar que las cosas fueran encajando o desencajándose,  era aparentemente lo fácil . Respirar un poco, mirar para otro lado, evitar la guerra, disfrutar de la precaria paz. Pero Churchill no quiere una «paz negociada» . Una paz que hay que negociar, a la larga y a la corta hace  esclavos . Considera, por tanto,  que lo único  posible ante el empuje de la barbarie, es combatirla hasta el último hombre, conseguir la victoria porque si no se vence, no habrá supervivencia. Pero el empeño es arduo. Gran Bretaña no esta preparada para un enfrentamiento con Hitler, en realidad están solos, Francia ha capitulado y Los Estados Unidos están indecisos. ¿Qué hacer? ¿Qué puede hacer el Primer Ministro para convencer al Parlamento y a sus ciudadanos? Pues nada menos que decir  la verdad mediante la  célebre frase de sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas. ¿Qué primer ministro ofrecería hoy una realidad tan dura  aunque el peligro existiera?

Hay una secuencia de la película muy interesante, cuando Churchill coge el metro y les pregunta a los viajeros qué harían,  si enfrentarse al monstruo o contemporizar, y la gente que está allí, gente anónima y humilde, se pone de parte de su Primer Ministro y  decide enfrentarse, luchar y aceptar el reto.

¿Qué pasaría me pregunto si hoy, un primer ministro parecido a Churchill, se introdujera en un vagón de metro de Madrid o de cualquier otra ciudad y ante un peligro inminente hiciera una propuesta semejante?… ¿Qué diría la gente?… ¿Apoyarían su tesis o aceptarían esa política de apaciguamiento o de paz negociada? Lo más posible que ni siquiera entraran a discutirlo. Dirían que era viejo, que chocheaba,  que carecía de empatía y que olía demasiado a tabaco.. Se quedarían, me temo, en la superficie del encuentro , en la imagen, y despreciarían lo esencial: el discurso.