Sé que tiene sus apasionados: devotos unos, detractores, otros. Estoy hablando de Javier Marías. A mí me gusta, le sigo y me parece, sin lugar a dudas, un fuera de serie, por el conocimiento de lo humano, por la forma de narrar, tan especial y propia, tan poco usual en comparación con lo «que se lleva». Marías es  corrección, tanto en léxico como en formas de exposición y construcción, al menos desde mi punto de vista de lectora y escritora, no de teórica, que no soy filóloga sino una modesta historiadora. Seguro que será correcto hasta en su trato . Pero no estoy hablando de una corrección simplemente formal, académica en el sentido del clasicismo respecto a las vanguardias, que él, en sus indagaciones-planteamientos, es más «vanguardista» que otra cosa. Marías se sale, se excede. Por eso lo es. A mi me recuerda a Proust, tan puntilloso en los detalles, en sus descripciones, tan exhaustivo para describir cualquier cosa, tan íntimo, tan clasista, tan poco «contaminado» con lo que se lleva y menos, con la vulgaridad; también, porque Marías como la mayor parte de los escritores auténticos, genuinos, está escribiendo el mismo libro  bajo diferentes perspectivas, historias, sus historias, vistas, contempladas, narradas a través de su particular calidoscopio. He vuelto a leer MAÑANA EN LA BATALLA PIENSA EN MI, ya  del anterior siglo y ha vuelto a gustarme, a satisfacerme,  como me gustó y me satisfizo, y me alegro, me satisface, que en esta época de prisas, de tanta inanidad y  literatura de consumo, BERTA ISLA ya fuera en su momento, Libro del Año y su continuación  TOMAS NEVINSON haya estado o esté entre los más vendidos, como flor extraña y diferente, como rara avis entre historias detectivescas y asesinatos tremendos, entre toda esa tropa que, constituyen, los libros de caballería de nuestra época.