Ayer estuve viendo EL BUEN PATRÓN de León de Aranoa, película que, es muy posible, se lleve muchos premios. Las críticas han sido muy buenas y por lo que yo he leído, unánimes. Y tal vez sea por ser tan buenas y unánimes por lo que en parte disiento. La película es la crónica de una semana de un hombre de poder, con poder, y que con las mejores palabras y la mejor de las sonrisas, atenta contra esos que dice proteger. El cuento casi diario. Aquí se trata de un empresario pero la historia podía ser extrapolable a cualquier individuo que ostente el poder. Para llegar a situaciones privilegiadas, sean políticas, económicas o de ambas, se necesita tener, aparte de aguante, una cierta dosis de asimilación: hay que tragar muchos sapos para llegar hasta donde se llega y no digamos para mantenerse. Es una constante que arranca desde siempre, desde nuestras más simples y antiguas comunidades. El poder es una mezcla de  buenas intenciones, en muchos casos, y de traiciones y mentiras en otros muchos. No se hace lo que se quiere, sino lo que se puede. El poder es un entrenamiento de posibilidades y de juego muchas veces sucio. Esta fábrica de la película, con evidentes tics a lo justo y lo injusto simbolizado por la balanza de la entrada a la finca que tiende a desequilibrarse, puede ser una historia de poder cualquiera. León de Aranoa ha elegido al empresario, al «protector»  de esa familia o pequeño pueblo que es una empresa, pero también podía haber elegido a un político, lo que sería mucho más creíble, pues cuanto más alto se llega al poder, más tropelías se dan y más son permitidas.

Abandonando la tesis y centrándome en la película en sí,  he visto películas que tratan del abuso de los poderosos, bastante mejores: LOS SANTOS INOCENTES, por poner un ejemplo cercano y local y  CIUDADANO KANE y EL PATRINO  por citar dos clásicos que casi todos han visto. La misma MUERTE DE UN CICLISTA , podía ser otro evidente ejemplo. Pero hay muchas, bastantes más sobre la corrupción del poder y la hipocresía que conlleva.  EL BUEN PATRÓN es una buena película, pero a mi juicio no tan excelente. Me ha resultado un poco plana, muy contada desde la cotidianidad y la superficie. Le falta esa grandeza especial que a veces no sabemos en qué consiste o de qué consta, para ser una gran película. Bardem, bien, pero tampoco sublime como dicen. Bien. Como la película.