Ayer estuve viendo  por la noche que la pusieron en la 2, EL CUENTO DE LAS COMADREJAS . Yo la ya había visto en el cine, y me gustó mucho. En la tele me pareció un poco premiosa, posiblemente estaba cansada. Las buenas películas hay que verlas en el cine, que es su sitio. En casa, te distraes con facilidad. Bueno, el caso es que la película está muy bien y pone en evidencia el mundo del pasado y del presente, un presente basado fundamentalmente en lo rentable y en los intereses económicos. Los jóvenes contra los viejos o al revés. En este caso pueden los viejos, los recuerdos, el peso del pasado, hasta las sombras del pasado. Los vulnerables son en este caso los que vulneran a los depredadores. No está mal. Y esto, me retrotrae a lo que expuse ayer sobre el legado de los dramaturgos y su vulnerabilidad. Si no nos estrenan cuando estamos vivos y luego de muertos nos versionan, ¿ qué han hecho de nosotros, de nuestra obra, de nuestro legado?… Pero claro, aquí también hay intereses económicos como en LAS COMADREJAS. Los que se encuentran con un buen texto de un conocido autor que ya está muerto piensan que hay que reciclar, que para qué dar la versión que los muertos dieron si está tan obsoleta como ellos y entran en la propiedad de la mansión antigua e intentan venderla para hacer otra cosa. Por supuesto que si no hubiera beneficio, ¡para qué hacerlo!, pero sí es rentable: el terreno, la casa, la decoración, la hicieron otros y los nuevos entran, se posesionan y la transforman. No sé cuánto se cobrará por ser un versionador. Si es un tanto razonable,  puede ser un acuerdo culturalmente aceptable y conveniente siempre que respeten, como dije ayer, el espíritu de la obra; pero si se llevan todo el porcentaje correspondiente al autor, por supuesto que no estoy hablando de las obras que han pasado a dominio público,  eso es simplemente el robo a la propiedad intelectual, una de las propiedades más sagradas pero también más vulnerables y más si la versión es de las llamadas libres. Un respeto.

Ayer, antes de EL CUENTO DE LAS COMADREJAS, IMPRESCINDIBLES, lo dedicó a Carmen Laforet. Laforet siempre me ha interesado como personalidad más que como escritora. Reconozco que NADA  no ha sido para mi una novela de culto. La primera vez que la leí me defraudó, y luego cuando he vuelto a leerla, no ha terminado de gustarme. Sé que choco con la opinión de la mayormente de la gente que conozco y de los críticos, pero yo lo siento así. Voy a leer LA INSOLACIÓN que no conozco, cuyo título me lleva a la ilustre Doña Emilia y que me gustó y me gusta mucho.. LA MUJER NUEVA también la leí y tampoco  me gustó.

Carmen Laforet es, para mí,  un fenómeno anti-literario o contra-literario, porque está en la literatura con todo derecho  posiblemente, pero sin querer pertenecer a ella. Su vida es una lucha de la literatura contra Carmen o Carmen contra la literatura. Es curioso. La mayor parte de los escritores no pueden dejar de escribir, es como un veneno en vena. Para Carmen escribir era el veneno. Una personalidad interesante. Para mí, superior a su obra.  Bueno, tal vez tenga que leer NADA por tercera vez. Quizás a la tercera, vaya la vencida.