En 1973 Carmen Resino escribió El Contrato, obra feminista que todavía no se había estrenado.

Las dos actrices Sònia Pérez y Alba Muñoz bajo la dirección de María San Miguel  ponen encima de la mesa (escenario) los eternos temas que siguen vivos e hirientes cuatro décadas más tarde.

Me encanta el teatro que permite imaginarte o pensar lo que quieras, que te dice lo que tú quieres entender u oír. Podría representarlo cualquiera de las dos actrices. Ella está atrapada en un mundo heteropatriarcal (entonces no se llevaba esta palabra) del cual no puede salir, lo intenta, quiere huir pero se siente atrapada e intenta ser feliz pero no puede. Quiere poner flores para hacer más agradable su vida de soledad y aislamiento. La segunda actriz es su alter ego, puesta para contrastar, de contrapunto, para convertir en sonido los pensamientos, para poder dialogar consigo misma, para poner palabras allí donde han dejado de existir. El amor ha huido y la añoranza la anula. Las dos van reproduciendo las actitudes del que las conduce a la sumisión y a  la dependencia: la autoridad, la falta de comunicación, la distancia, la violencia.

La escenografía es minimalista. Únicamente dos sillas en el escenario que ellas mueven para convertirlas en asiento, en cama, en objeto de agresión, en elemento de acercamiento o alejamiento. Y ellas dos lo llenan todo.

Es una obra simbólica, conceptual, real y dura. El muro es infranqueable, no se puede destruir por más que lo intenten.

Cuarenta años más tarde, en nuestro mundo se han roto muchos muros pero para la mujer todavía existen muchas sumisiones aceptadas a la fuerza y difícilmente franqueables.

 

Críticas de EL Contrato estrenado en Barcelona en Noviembre del 2019.

Sonia Pérez y Alba Muñoz en EL CONTRATO.